La casualidad no es sino una causa desconocida (Johann Christoph Bach)
Casualidades o señales. Hoy alguien me habló de interpretar nuestro largometraje. Me hablaba de si había un guión escrito y me preguntaba que si realmente el ciego, que en el banco de siempre se sentaba los domingos de cada mes, era ajeno al color del día.
Que todo lo que ocurre tuviera una razón y no fuera fruto de la casualidad mermaría en gran medida nuestra ilusión de querer rodar fuera de plató. Solo nos quedaría esperar a todo aquello que bien está dicho que va a ocurrir. El reloj marcaría las horas para entonar el baile que debemos dibujar. Dibujos que no dejarían de adornar cuadros ya expuestos por otros.
Pero y si hablo de casualidades cómo podemos explicar que los paisajes, los libros, las palabras, los apellidos tengan un significado determinado y no otro? Si todo fuera casual daría igual que uno se llamara Pablo o Manuel, y todos sabemos que nada tiene que ver. Puede ser que los detalles, que eso que al principio he hecho llamar señales son diferentes para todos, esto también es casual?
Entiendo que cada uno crea su camino, entiendo que la vida no deja de ser un mapa en donde asoman millones de estrellar, y entiendo que nosotros solo divisamos algunas, estrellas que iremos concatenando para crear una silueta. Silueta que marcará una personalidad, un rostro, miedos por habernos equivocado en las señales vividas, deseos de seguir perfeccionando el contorno que marca nuestros límites.
Tocamos lo que queremos ver, querer, suficiente causa para quedarnos solo con las invitaciones que vamos recibiendo al andar. A veces esta elección resulta algo confusa, inconsciente incluso. Intentamos cerrar los ojos y lo primero que hacemos es intentar encajar al nuevo ser estrellado en nuestro parqué en algún lugar de nuestro mar. Por qué me ha pasado esto? Mira tú, era Pablo y no Manuel. Tienes razón, tenemos razón. Y esta razón solo tiene una explicación; las causalidades dan forma a la casualidad. La primera no podría ser grabada sin la segunda, y solo somos diferentes en ese primer acto.
No voy a tener miedo a reconocer que no quiero esperar a que nadie marque mi elección, escucho las señales radiofónicas, oteo los paisajes fotografiados y saboreo incluso el pescado crudo. Me quedaré con lo sentido, me agarraré a lo bien interpretado y seguiré nadando entre casualidades sabiendo que para hacerlo lo mejor posible deberé fijar la vista en mejorar la técnica, en buscar el porqué de las formas de mi brazada. Y no hay mayor causa que considerarse a uno mismo protagonista de su propia película.


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