martes, 29 de mayo de 2012

Borges


El porvenir es tan irrevocable
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa
De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura.
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.


lunes, 28 de mayo de 2012

Dentro y fuera del tarro de la basura


           
           
                                                                                      ...
          Para qué estamos ensayando?
          ¿Una obra de teatro, una acción? ¿Qué función?
          Sin ensayar nos arriesgamos,
          Somos espontáneos,
          Impulsivos,                                                   
          Listos para actuar sin cuidado
          De peligros
          Verdaderos o imaginarios.

          Sin ensayar saltamos adentro,
          Sin probar calor o hielo:
          "Al diablo con las consecuencias".
          A lo héroe
          Con anteojeras para la sobrevivenvia.
          Pero la mayoría de nosotros somos distintos.
          Temerosos de los riesgos, debemos asegurarnos
          Que nada ocurra que perturbe
          La segura rutina de nueve a cuatro.
          Seguros, pagar, cheques, relaciones fijas.
          Nos hemos ensayado para roles sociales;
          Con aprendizaje universitario y grados,
          Comportamiento correcto para el éxito,
          Trepando centímetro a centímetro
          Por la escalera hasta llegar a la cumbre.
          Hacemos el ruido más grande en esta tierra,
          Malgastando fuerza con fines sádicos,
          Juntando dinero que no necesitamos.
  
          Una úlcera estomacal insinúa el apetito.
          Una mueca reemplaza a la risa.
          Relaciones mejores que una amistad colocan
          Un esfuerzo en nuestro actuar, recobrando en vano 
          Nuestra alma en la iglesia dominical,
          Y en las resoluciones de año nuevo.
          ...

                                                                                                                            FRITZ PERLS


sábado, 26 de mayo de 2012

La casualidad no es sino una causa desconocida (Johann Christoph Bach)



Casualidades o señales. Hoy alguien me habló de interpretar nuestro largometraje. Me hablaba de si había un guión escrito y me preguntaba que si realmente el ciego, que en el banco de siempre se sentaba los domingos de cada mes, era ajeno al color del día.


Que todo lo que ocurre tuviera una razón y no fuera fruto de la casualidad mermaría en gran medida nuestra ilusión de querer rodar fuera de plató. Solo nos quedaría esperar a todo aquello que bien está dicho que va a ocurrir. El reloj marcaría las horas para entonar el baile que debemos dibujar. Dibujos que no dejarían de adornar cuadros ya expuestos por otros.

Pero y si hablo de casualidades cómo podemos explicar que los paisajes, los libros, las palabras, los apellidos tengan un significado determinado y no otro? Si todo fuera casual daría igual que uno se llamara Pablo o Manuel, y todos sabemos que nada tiene que ver. Puede ser que los detalles, que eso que al principio he hecho llamar señales son diferentes para todos, esto también es casual?

Entiendo que cada uno crea su camino, entiendo que la vida no deja de ser un mapa en donde asoman millones de estrellar, y entiendo que nosotros solo divisamos algunas, estrellas que iremos concatenando para crear una silueta. Silueta que marcará una personalidad, un rostro, miedos por habernos equivocado en las señales vividas, deseos de seguir perfeccionando el contorno que marca nuestros límites.



Tocamos lo que queremos ver, querer, suficiente causa para quedarnos solo con las invitaciones que vamos recibiendo al andar. A veces esta elección resulta algo confusa, inconsciente incluso. Intentamos cerrar los ojos y lo primero que hacemos es intentar encajar al nuevo ser estrellado en nuestro parqué en algún lugar de nuestro mar. Por qué me ha pasado esto? Mira tú,  era Pablo y no Manuel. Tienes razón, tenemos razón. Y esta razón solo tiene una explicación; las causalidades dan forma a la casualidad. La primera no podría ser grabada sin la segunda, y solo somos diferentes en ese primer acto.

No voy a tener miedo a reconocer que no quiero esperar a que nadie marque mi elección, escucho las señales radiofónicas, oteo los paisajes fotografiados y saboreo incluso el pescado crudo. Me quedaré con lo sentido, me agarraré a lo bien interpretado y seguiré nadando entre casualidades sabiendo que para hacerlo lo mejor posible deberé fijar la vista en mejorar la técnica, en buscar el porqué de las formas de mi brazada.  Y no hay mayor causa que considerarse a uno mismo protagonista de su propia película. 

viernes, 25 de mayo de 2012

Jan Saudek



Algunos entran y otros se van. En todos los casos viviendo los adentros, con o sin quien llevar de la mano. Con sombrero o sin sombrero, en todo caso una bienvenida con piel.
Para algunos será el fin, para otros simplemente la razón de vivir. Por crear vida, por morir en ella. Es la vulva que no miente, y es Saudek. Para algunos grotesco, para otros plástico, para pocos un fotógrafo más. Y yo me quedo con su realidad, su teatro, la verdad sin apariencias engañosas. Gordas, feas, guapas, pequeñas, inmensas, pero en muchas ocasiones mostrándose a él junto a ellas.




La desnudez parece gritar ante quien con marrones harapos pide perdón por no ser capaz de mostrar lo que en profundo debe guardar. Y cierra los ojos; tapar no solo implica no enseñar, además de ello supone no ser capaz de saber mirar. 



Superando el terror desaparece el grito del horror. Él la mira cogiéndola del hombro, ella se muestra pintoresca de rostro y con su corona. Ahora sí, los vestidos cuelgan de la pared y yo solo me fijo en la piel. Vuelvo a ver a Saudek; vulva, disfraz y cuerpos desnudos.




jueves, 24 de mayo de 2012

ALLE ANDEREN


   Y nos compararon con los demás. Hasta entonces éramos felices, comíamos Nutella y follábamos mientras escribíamos nuestra propia historia vacacional. Todo parecía ir sobre silencios consensuados, ritmo lento pero jodidamente comprometido. Y así llego lo cretino.

                      

     Ellos eran odiosos, gente con éxito, modelos en su especie, con sonrisas que invadían territorios. Solo era nuestra casa, éramos nosotros, sin masculinos ni femeninos. Nos empezaron a relatar el cuento de su existencia, cómo debíamos ser como otros, quizá como ellos, con bebé a la vista y un trabajo que nos diera nombre y apellidos. Empezamos a perder la duda viendo cómo asomaba la cruda certeza por la puerta de nuestra habitación. 

     Ya no quedaban silencios consensuados, todo venía arrasando lo negociado. Le miraba a los ojos y se avergonzaba de mi discurso. Mi mano en su pecho molestaba, mientras su mano en el mío seguía siendo tan deseado. Así, comencé con el trabajo de ser quien no era. Quería seguir sintiendo su vacío, su liso pelo, su relajado pálpito. Sentí morir en el intento. Habría matado a esos modelos que se presentaron en nuestras vidas como si fueran el único cuadro al que mirar, como si aquello, por fin, fuera la colorida felicidad. Y me morí en el intento. Notaba cómo mis manos no emanaban calor y apenas sentía dolor entre los dedos de mis pies cada vez que me daba con las afiladas esquinas de su cuerpo. Él solo miraba al horizonte siguiendo las líneas que dibujaba la vía del tren, tren que no remolcaba nuestro vagón. Y yo solo quería salir de la vida para adentrarme en mi nicho, huir de la luz, luz que solo trataba de aumentar el alcance de nuestras sombras. Siempre sabrían mejor los gusanos que estaban bajo tierra, eso pensaba yo.


  
      No obstante aún estaba viva. Quieta, inmóvil, pero respiraba aire puro. Él me recogió, quería volverme a ver. Acariciaba mi vientre, pretendía hacerme reír con sus pedorretas nacidas en mi piel. Volvía el hombre que nunca pretendió ser masculino, solo mi compañero. Y yo no pude evitar mirarle a los ojos cuando así lo deseó. Me besó mientras le odié. Pero las razones volvían a ser nuestras, los silencios volvían a ser pactados, y los rincones de entre mis dedos enrojecieron de dolor.