Jan Saudek
Algunos entran y otros se van. En todos los casos viviendo los adentros, con o sin quien llevar de la mano. Con sombrero o sin sombrero, en todo caso una bienvenida con piel.
Para algunos será el fin, para otros simplemente la razón de vivir. Por crear vida, por morir en ella. Es la vulva que no miente, y es Saudek. Para algunos grotesco, para otros plástico, para pocos un fotógrafo más. Y yo me quedo con su realidad, su teatro, la verdad sin apariencias engañosas. Gordas, feas, guapas, pequeñas, inmensas, pero en muchas ocasiones mostrándose a él junto a ellas.
La desnudez parece gritar ante quien con marrones harapos pide perdón por no ser capaz de mostrar lo que en profundo debe guardar. Y cierra los ojos; tapar no solo implica no enseñar, además de ello supone no ser capaz de saber mirar.
Superando el terror desaparece el grito del horror. Él la mira cogiéndola del hombro, ella se muestra pintoresca de rostro y con su corona. Ahora sí, los vestidos cuelgan de la pared y yo solo me fijo en la piel. Vuelvo a ver a Saudek; vulva, disfraz y cuerpos desnudos.



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