Have you ever lost your way...
Mi manera de tratar a todas esas espaldas que llevo conmigo
va a terminar de hacer añicos esas columnas vertebrales de las cuales he debido
abusar., y presumir. Yo te entiendo, sé por qué lo haces, intuyo por qué me
miras así, asumo por qué no me tocas cuando te vas a dormir, siempre sé cuándo
viene la coma y cuándo el punto y final.
Y nada va bien.
A pesar de saberlo todo, de poner
todo mi empeño en atinar con tus miedos, a pesar de recorrer tu curriculum
vitae para tratar de enderezar esa línea que no deja de caer, todo va mal. Claro,
ahora nacen las preguntas por debajo de las piedras, el cielo oscurece, amenaza
tormenta y a mí me entran ganas de esconderme en ese bosque que te absorbe según
te ve asomar, pero no se sabe si te dejará salir cuando el amanecer te susurre
que todo puede volver a su ser. Aunque ahora no sé con qué tipo de ser me
estremecí.
Y nada va mejor.
Recorreré mi cuerpo con la mirada
de mi conciencia, buscando ese roto por el que pudiste entrar. Tocaste los
rincones más oscuros mientras yo solo sentía pudor. Pero te lo presenté.
Sacaste tu lengua mientras yo metía la mía, con mis miserias enrojecidas, a pesar
de ello te lo presenté. Te conté lo que había soñado cada día, mientras tú,
cuando íbamos a la cama, te guardabas en el cajón de atrás todo lo que habías
comido durante el día. Eso sí, mi comprensión era absoluta, además de jodidamente
ciega.
Y todo ha ido a peor.
Te hablaré a ti, a ti que te he
mirado sin juzgar. Te contaré todo aquello que me has hecho temer, además de
todo aquello que me has presentado bajo el titular más placentero para después
terminarlo con el peor de tus firmas.
Y ahora ya no queda nada.
Quién soy para ti, o quizá debería
preguntar qué soy para ti. Me recuerdas?
Te acuerdas cuando solo vivía para alegrarte un poquito más cada día…
Después te aburriste de tales atenciones una vez hubiste exprimido muy mucho la
autóctona fruta dejándola marchita, seca, y sin noticias. He vuelto a esos lugares
que te presenté como míos para poder subrayar lo poco que me queda de ti. Guardo lo recibido con cariño, incluso los olores que me transmitiste, la
sapiencia que me ofreciste con los
libros que guardé en la mochila. Todo ello irá conmigo aunque tú ya no seas mi
compañero de ruta. Ahora solo eres un mensaje de texto en mi móvil cada 2
meses, texto que solo desea que esté bien, ignorando por completo las razones
por las cuales estoy mal. Borrón y cuenta nueva, esos son tus modos, los míos
no. Trato de sentir la tierra que piso, aunque eso suponga hundirme hoy un
poquito más. Y qué verdad que estoy más enterrada que ayer, pero aviso, cuando
mis raíces cojan fuerza y extienda mis ramas, no pienso ignorar el baile que
los nuevos vientos me pueden querer regalar. Asumo haber perdido, pero
pienso aprender. No sé si me he
equivocado, pero sé que taparé todas aquellas grietas que tú supiste
aprovechar. Y deja de sentirte egoísta,
ahora soy yo la que te define de esa y otras maneras más. Quizá, aunque ya sea
mañana, seré otro tipo de persona, y tú, no lo verás. Aunque hoy sé, que
tampoco te importa demasiado. Más bien poco, o menos.
Y ahora volveré a subir al monte para dejar escrito allí
todo esto que nunca pude decir mientras cogías mi mano para llevarme por el camino
de otro falso placer.

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